Es un Rave

Es un Rave

¿Qué harías si este viernes te despertás con ganas de ir a bailar Techno y te das cuenta de que no existe un sólo lugar en Costa Rica que ponga música electrónica?

No existe ningún club, disco o bar que ponga house toda la noche. No hay DJs que mezclen música electrónica exclusivamente ni espacios donde se puede amanecer bailando trance. No hay una sola fiesta en la montaña, ni en la playa, ni en la casa de nadie. No hay pre-parties, ni after-parties, ni day-parties. Simplemente, no hay un solo rincón en todo el país adonde escuchar la música electrónica que te gusta.

Un paisaje desolado, por supuesto, si sos bien fiebre del beat sostenido que hace vibrar el pecho con fuerza.

“¡Qué mae más pegado!” podrás pensar. Y, sin embargo, este paisaje no es producto de mi pegazón. Esta imagen era muy cercana a la realidad un jueves 6 de febrero de 1997, cuando dos amigas se reencontraron a la salida del concierto de La Ley en Sapo Verde y se preguntaron “¿y adónde la seguimos?”.

Para algunos, la respuesta era sencilla. Deja Vú tenía ya un dance floor cargado de energía y DJ Mason era un experto en electrónica. La Torre, una pista de baile que durante 10 años trajo un sonido electrónico más europeo gracias a su propietaria trans y a su DJ Residente, había cerrado después de incontables redadas de la policía e inolvidables parrandas hasta las 3am, dando paso a una nueva generación de clubbers gays de San José.

Lo cierto es que la música electrónica estuvo bien representada en Costa Rica desde 1984 por la Comunidad LGBTIQ, primero en La Torre y luego en Deja Vu. ¿Por qué Íside y Daniela no se dirigieron a Deja Vú esa noche? No lo sé. Quizás tuvo que ver con el tipo de música electrónica o el tipo de ambiente. Bien que mal, aquellas pistas invitaban más a los hombres gays e ingresar quizás no era tan sencillo.

Regresando a nuestra desolada situación inicial en la que no tenés adónde ir a bailar electrónica en Chepe, posiblemente habrías llegado a la misma conclusión a la que llegaron las dos amigas: ¿Por qué no hacemos un Rave?

Varios meses atrás, Íside y Daniela se habían encontrado en Miami cuando Daniela vivía en South Beach e Íside regresaba de una temporada en Israel y Londres. Tanto ellas como sus amigas, en sus paseos por Europa, habían estado expuestas al techno y al trance desde 1994. Inclusive, traían consigo un casete que tenía la palabra Bakalao escrita en su etiqueta, un término con el que los españoles denominaban a cierto tipo de techno. El casete del Bakalao contenía un mix que sonó mucho en Las Ventanas, bar de la Calle de la Amargura que, junto con el Café de Los Artistas, eran la trinchera de la movida bohemia punketa de Chepe.

Daniela era sobrina de uno de los dueños de Sapo Verde y pudo disponer del bar para llevar a cabo su Rave. Convocados por medio de llamadas telefónicas desde la casa de Daniela, decenas de amigos disfrazados para su primer Rave Experience hicieron fila desde las 8pm en el patio de Plaza Colonial en San Rafael de Escazú, un miércoles 19 de febrero de 1997. La entrada valía ¢1,000 con 2 tragos. La birra valía lo mismo que un shot, ¢200.

Nunca antes se había mencionado la palabra Rave ni se había visto en un flyer en Costa Rica. El término era totalmente extraño en la oferta de actividades del night life josefino, aunque en Europa y EEUU se usaba desde los 80’s. Rave podía significar muchas cosas, delirio, frenesí, fiesta, rugido, euforia o descontrol. Pero acá en Tiquicia, no significaba nada. Hasta esa noche.

Generación X te invita al primer Rave Experience.

La fiesta fue un éxito, a pesar de que el lugar no estaba preparado. El dueño del lugar nunca creyó que su sobrina iba a poder montar la fiesta y el bar no tenía ni hielo ni bebidas. La fiesta comenzó mientras Íside hacía múltiples viajes a La Bruja, la licorera más cercana, en busca de guaro y hielo. Los ravers bailaban sin parar una combinación de Techno, Trance, Acid, House y Trip Hop, con mezclas cargo de DJ Leo (doc Leo), el residente del Sapo Verde, y de un experto en electrónica, DJ Mason de Deja Vú. Toda la música estaba en vinilos aunque el CD ya era el dueño del mercado.

Algo absolutamente innovador marcó la vida nocturna de Chepe junto a 250 amigos escarchados. Era una experiencia distinta bailar sin pareja al ritmo sostenido de un potente bombo de sintetizador, sin hacer pausas, descargando toda la energía durante horas, sintiéndose más libres que nunca.

Al final de la noche, el dueño del bar, quien no podía creer lo que veía, giró la orden para que DJ Leo tomara el micrófono y anunciara que en 15 días se realizaría el siguiente rave de Generación X, la primera promotora de fiestas electrónicas de San José, con Íside y Daniela a la cabeza. En su afán por llenar un vacío y satisfacer sus deseos de BPM acelerado, sin darse cuenta, estas dos mujeres habían iniciado un movimiento.

Decenas de raves sucedieron en Sapo Verde producidos por Generación X, con nombres llenos de fantasía como Lluvia Ácida, Hyperspace, Wonderland, Liquid Heaven o Eternal Life, antes de que las fiestas se pasaran para un antro de juegos de arcade llamado Boltron, y se regara la bola de que un mundo sintético y underground, de música sin letra ni pausas, de nuevos decibeles y de pastillas de colores con logos y nombres diversos, habitaba en San José.

Rave is Future is Rave…

A principios de 1998, cuando Íside decide abandonar a su Generación X e Ileana Sotela irrumpe con Contacto y sus bookings internacionales de maestros del Progressive House como Sasha o Nick Warren, ya la GAM y paralelamente algunas de las playas habitadas por europeos, habían comenzado una movida absolutamente imparable. 

En mayo del 2001, una redada en Velvet Zone, el club más importante de la escena en ese momento y quizás el primero estrictamente electrónico, marcaría (al menos para mi) el fin de esta primera era de la escena electrónica tica. Una era de inolvidables fiestas en Kaliolín en Montezuma, Noai en Tamarindo, Mangroove Café en Quepos, Le Barbizon en Heredia, Regina 51, Akelarre, Oxígeno o Patagonia en Chepe. La era de los zippies de la generación X, las de los Tréboles, los Supermanes y los Fat Freddys. La era de la escarcha, las antenas, las texturas y los lollypops. Una era de fraternidad y libertad, y hasta cierto punto, de ingenuidad. 

Una era en la que la palabra Rave no estaba vetada y su significado era algo más que el de una fiesta cualquiera.

Esteban Howell es el Fundador y Director de DJLab y uno de los más reconocidos DJs de Centro América. Arquitecto de carrera y Músico autodidacta, Esteban Howell se ha presentado en algunos de los más importantes eventos y clubes de la Región, compartiendo escenarios con leyendas del House y del Techno mundial. 

En 2008, Esteban Howell fundó DJLab, la primera Escuela Especializada en DJing y Producción Musical en Costa Rica.

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